Por la libertad

Sabemos que todavía estamos lejos de alcanzar una situación de igualdad entre mujeres y hombres y que la violencia es un eficaz mecanismo de sometimiento. Cuando un hombre utiliza la violencia física o psicológica contra una mujer, no lo hace como un fin en sí mismo, sino como un instrumento para impedir su autonomía y su libertad. No se trata de una agresión aislada, sino de un acto que afecta colectivamente, porque refuerza el poder simbólico de los hombres y resulta amenazante para el conjunto de las mujeres. Es un acto que se enmarca en la perpetuación del patriarcado, un sistema de dominación al que no es ajeno ni el Estado ni el modelo social capitalista.
Por eso quiero poner el acento en la lucha de las mujeres por nuestra libertad y nuestra autonomía, para que no nos dejemos arrastrar por una institucionalización que pretende que pasemos de la tutela de los padres y maridos a la tutela del Estado y de sus instituciones.