Como cualquier taxista

Cuando iban en taxi, Jorge empezaba a meterle mano a Vanya desde la calle, lo seguía haciendo en el taxi, besándola en los pechos muchas veces y Vanya trataba de no dejar ver nada al chofer cuya mirada casi no no se apartaba del espejo retrovisor. Los dos fingían: Jorge al pretender ignorar las miradas del taxista; Vanya al pretender tener éxito en sus intentos de ocultamiento ante Jorge y ante el taxista.

Jorge observó un momento a Vanya dedicada a sus tareas de “corte y confección”. Ella llevaba un sueter sin mangas y con cuello de tortuga amarillo pálido y una ceñida falda azul. La señora Caso podía hacer las veces de la mirada de cualquier taxista observando a la pareja en el asiento posterior de su automóvil. Jorge se colocó detrás de Vanya, sus manos entraron bajo el sueter y le desabrocharon el brasier. Esas mismas manos procedieron luego a acariciarle los pechos. Los ojos de la señora Caso los observaban tan atentamente como cualquier taxista.

[Juan García Ponce]

6 comentarios sobre “Como cualquier taxista

  1. La vida del taxista es bastante dura, nunca sabe a quien va a meter… aunque algunas veces la cosa se pone interesante… jijiji.

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