Ana Blandiana

En la medida en que entiendo, la felicidad me parece un problema del libre albedrío. Nuestra conformación física y espiritual, se sabe, imponen los límites de la resistencia, increíblemente tanto tiempo que sólo de éstos depende hacerlo. La desgracia nos golpea no porque sea más fuerte que nosotros, sino porque hemos entrado en su campo de acción sin nuestra voluntad. Somos infelices no porque nos falte la felicidad, sino porque su ausencia desata turbulencias en nosotros. Podemos renunciar a cualquier cosa, orgullosos, incluso gustosos, con la condición de que no seamos obligados por otros a renunciar. El libre albedrío, el derecho de decidir la propia suerte, es por sí mismo una condición necesaria y, muchas veces, suficiente para la felicidad.

Soportamos difícilmente el frío, pero hemos partido en expediciones a los polos; no podemos soportar el hambre, pero hemos hecho huelgas de hambre; odiamos las guerras, pero hemos partido como voluntarios a los frentes; podemos callar, pero no se nos puede imponer el silencio: conozco a hombres desesperados por haber sido dejados por mujeres que siempre los dejaron abandonados; soy feliz cuando logro estar sola y sufro terriblemente cuando me dejan sola.

Me he preguntado a menudo si acaso, sin la prohibición divina, Eva habría mordido la manzana. Probablemente no, con seguridad no, pero el hecho de que en contra de las leyes lo hiciera, comprueba fehacientemente que una felicidad impuesta significa mucho menos que una desgracia elegida. Cualquier fruto maduro termina por ser devorado y, con algo de humor, los autores de las grandes revueltas pueden ser señalados no por aquellos enemigos jurados, sino por aquellos que nunca movieron un dedo.

De todas estas pormenorizadas reacciones humanas resulta una paradójica ley, según la cual, la libertad es de tal naturaleza que puede cambiar las propiedades de algunos estados, de algunas situaciones.

Resulta que el hombre necesita así de poco para vivir.

[Traducción del rumano al español de Pietro Caselín Puente]

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7 comentarios sobre “Ana Blandiana

  1. Alguien, no recuerdo quién, dijo que hay que hacerse amigo de las propias desgracias o de lo contrario seremos infelices siempre…yo no diria tanto como hacerse amigo, pero asumir las cosas siempre viene bien sobre todo para comenzar a superarlas.Saludos!

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  2. Somos inconformistas, agrandamos las desgracias… y sólo somos realmente felices cuando nos centramos en disfrutar por momentos las pequeñas cosas… =)un beso!

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  3. Hola niña Kay.Esta torpe mujer anda por esta bella Galicia, por esta tierra de meigas, frío y lluvia.Kay, es tan fácil decidir ser libre como difícil conseguirlo.Todo sería cojonudo si no viviéramos rodeados de los queridos y a veces no tan queridos familiares, amigos y demás "pegotes"Cariñín poco a poco iré recuperando mi ánimo y volveré a contar cosiñas (espero)Un besote desde Coruña.Diana

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