En Rebeldía. Narraciones femeninas en el mundo árabe

Esta exposición indaga en las realidades del mundo árabe desde la década de los noventa, vistas a través de las distintas perspectivas de artistas mujeres. También se incluyen algunas obras que reflexionan sobre la construcción de la feminidad realizadas por hombres.

Mediante el uso de dispositivos como la fotografía y el vídeo, queda de manifiesto la capacidad política de transformación de las mujeres en tanto que agentes sociales.

Cuatro son los ejes conceptuales de este proyecto: espacios privados, ámbitos personales; el cuerpo, el deseo, la sexualidad; lugares y símbolos de lo público, y finalmente, la historia, sus pliegues y conflictos. Entre las artistas participantes hay obras de Nadia Benchallal, Mona Hatoum, Ghada Amer, Nermine Hammam, Zohra Bensemra, Diana El Jeiroudi, Farida Hamak, Amal Kenawy, Tamara Abdul Hadi, Zineb Sedira, Raeda Saadeh, Ahlam Shibli, Mohammed Soueid, Akram Zaatari, Leila Alaoui, Rana El Nemr, Rula Halawani, Randa Maddah y Nidaa Badwan. Imágenes de archivo de la Arab Image Foundation y de la American University in Cairo.

Fecha de inauguración: 14 Septiembre 2017 y Fecha de clausura: 28 Enero 2018

Leila Alaoui

LEILA

LEILA ALAOUI

LEILAALOUI

Leila Alaoui

La denuncia social de Benohoud

Hicham Benohoud, fotógrafo marroquí nacido en Marrakech en 1968 y que actualmente vive en París, es un fotógrafo que denuncia con sus fotografías la presión social que sufren en su país. Aboga por el establecimiento de nuevos modos de aprendizaje y enseñanza, así como por repensar las formas de organización política y social. Nos muestra heterodoxas situaciones educativas, espontáneas, antijerárquicas, no académicas, centradas fundamentalmente en el poder transformador del arte.Nos quiere demostrar que uno puede encontrar nuevas ideas para romper los patrones establecidos.

La violencia cotidiana

La exposición Afganistán. Mujeres es un proyecto de la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) que tiene como objetivo mostrar, a través de la imagen y la palabra, la realidad de las mujeres afganas. El autor de las fotografías es el fotógrafo y periodista Gervasio Sánchez y la autora de los textos es la periodista Mònica Bernabé. Las temáticas principales tratadas en el proyecto son:

-Matrimonio forzado e infantil
-Huida y drogodependenciañ
-Suicidio
-Avances legales y realidad
-Mujeres contracorriente
-Consecuencias de la impunidad y la guerra

CONTEXTO

Desde la caída del régimen de los talibanes en el año 2001 las mujeres afganas se han organizado para defender sus derechos y mejorar su situación y se han producido avances. Por ejemplo, la Constitución afgana aprobada el año 2005 reconoce la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, un 25% de los parlamentarios deben ser mujeres, existe una red de mujeres afganas que aglutina a más de 65 entidades de todo el país (Afghan Women Network) y se ha incrementado la escolarización de las niñas en las áreas urbanas.

Con todo, la inestabilidad del país, su fragilidad y la poca voluntad política por parte de la Administración afgana de contemplar en sus políticas una verdadera lucha contra la violencia de género, así como el control talibán en gran parte del país, hacen que la gran mayoría de mujeres afganas sigan sufriendo hoy en día violencia de género de una forma sistemática: las mujeres sufren maltratos por parte de sus maridos y no tienen posibilidad para defenderse, porque no existen programas integrales para su protección.

En Afganistán, en la práctica, las mujeres no tienen ningún derecho, los hombres (sean el marido, el padre o el hermano) deciden sobre su vida. En la mayoría de matrimonios las mujeres están casadas a la fuerza. Es una tradición que el hombre pague una dote por la mujer con la que se quiere casar. La dote es una gran cantidad de dinero que puede oscilar entre 2.000 y 9.000 euros, en un país donde el sueldo de un funcionario es de 60 euros. Cuando el hombre se casa considera que la mujer es de su propiedad, ya que ha pagado por ella. Los matrimonios forzados se consideran la principal razón de la violación de los derechos de las mujeres en Afganistán.

LA EXPOSICIÓN

Los talibanes prohibieron a las mujeres trabajar fuera de casa, estudiar e incluso recibir asistencia médica durante su régimen en Afganistán (1996-2001). También las obligaban a vestir el burqa, que se convirtió en símbolo internacional de la represión contra las afganas. Sin embargo, las restricciones de los talibanes contra las mujeres que tanto escandalizaron a Occidente son sólo la punta del iceberg del drama que las afganas viven cada día en su propia casa. La violencia contra ellas empieza en el seno de la familia y es endémica, independientemente de que los talibanes estén o no en el poder.

Las Naciones Unidas y otros organismos han hecho múltiples informes sobre la dramática situación de las mujeres en Afganistán. No es una realidad desconocida. A pesar de ello la comunidad internacional ha mirado hacia otro lado, con la excusa de que “forma parte de la cultura afgana”, aunque se estén violando los derechos humanos.

La impunidad generalizada que existe en Afganistán tampoco ayuda a cambiar esta situación, ni tampoco la actitud de las afganas que suelen esconder la violencia que sufren en casa, como si fuera una vergüenza hablar de sus propias vergüenzas.

La sociedad afgana es profundamente conservadora, machista y religiosa, y esta realidad es imposible cambiarla en cuestión de años. Hace falta que transcurran generaciones, de la misma manera que en Occidente los cambios sociales llevaron siglos. Sin embargo, sí que es responsabilidad de la comunidad internacional haber promovido la cultura de la impunidad al aliarse y catapultar al poder a personajes de pasado turbio, algunos acusados de crímenes de guerra, que hace que el respeto de los derechos humanos en el país sea una quimera. Sin justicia, es imposible la paz y el cambio social. Ahora la esperanza está en las nuevas generaciones.

Las fotografías recogidas en esta exposición se tomaron durante casi seis años, entre 2009 y 2014. Es un proyecto de la Asociación por los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA).

MATRIMONIO
El matrimonio en Afganistán es un acuerdo entre dos familias, y no la unión entre dos personas que se aman. Es decir, los cónyuges no se casan porque se quieren, sino porque sus respectivas familias llegan a ese pacto teniendo en cuenta el estatus social, la tribu y la etnia. La endogamia es habitual.Es costumbre que el hombre pague dinero por la mujer con quien se quiere casar, como compensación a la familia de la novia por desprenderse de la chica, ya que la novia se va a vivir a casa de su familia política tras la boda. Suele tratarse de mucho dinero. Puede llegar a los 5.000 euros en un país donde el sueldo medio de un funcionario es de unos 160 euros al mes. Para conseguir esa cantidad, el hombre debe trabajar duro o endeudarse para el resto de su vida. Una vez casado, considera que su mujer es suya y puede hacer con ella lo que desee pues por eso ha pagado por ella. Si quiere pegarle, le pega, y si quiere tenerla encerrada en casa, allí la tiene. Son anillos como esposas.

Casadas a la fuerza
Un matrimonio no tiene validez según la ley islámica si uno de los dos cónyuges no da su consentimiento al enlace. La Ley contra la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, aprobada en Afganistán en 2009, prevé penas de al menos dos años de cárcel para quien obliga a una mujer a contraer matrimonio.
Sin embargo, los matrimonios forzados continúan siendo habituales. UNICEF calculaba en 2008 que un 57% de las afganas son obligadas a casarse antes de los 16 años, en contra de la ley.

En Afganistán no existe un registro obligado de nacimientos o matrimonios. Resulta complicado saber la edad de alguien con certeza o controlar quién se casa con quién. En medio de este caos, el cumplimiento de cualquier ley es una utopía.

La maternidad
Afganistán es uno de los peores países para ser madre porque tiene uno de los índices de mortalidad materna más alto del mundo. Según datos de 2011 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), 460 afganas de cada 100.000 fallecen durante el embarazo o el parto. Las mujeres son madres muy jóvenes, dan a luz muchos hijos y de forma muy seguida. Otro problema añadido es la dificultad de tener acceso a asistencia médica especializada. Los embarazos tan seguidos hace que el cuerpo de la madre no tenga tiempo suficiente para recuperarse, ni disponga de leche para amamantar al bebé. Según el Ministerio de Salud Pública, el 8% de los niños y niñas de menos de cinco años sufren malnutrición severa, y hasta el 60% del total, malnutrición crónica.

LA HUIDA

Una mujer en Afganistán difícilmente puede vivir sola, aunque disponga de estudios universitarios, una carrera profesional magnífica o una situación económica holgada. No está bien visto socialmente, ni tampoco es seguro. La mujer siempre está vinculada a una figura masculina: ya sea su padre cuando aún está soltera, su marido una vez se casa, o cualquier otro miembro varón de su familia. Esta situación dificulta aún más que una mujer pueda escapar de una situación de violencia. Human Rights Watch calcula que el 87% de las mujeres afganas sufre algún tipo de maltrato físico o psicológico o abusos sexuales a lo largo de su vida.

Desde la caída del régimen talibán, algunas organizaciones no gubernamentales impulsaron la apertura de casas de acogida para mujeres en situación de extrema violencia, pero las plazas disponibles son limitadas. Estas mujeres suelen acabar en la cárcel o un correccional, otras se vuelven drogodependientes, o buscan una vía de escape en el divorcio.

Drogadictas
Afganistán produce el 90% del opio del mundo y cuenta con un millón de drogadictos. La mayoría son hombres, pero el número de mujeres ha crecido en los últimos años.Las mujeres suelen consumir opio ante la imposibilidad de recibir atención sanitaria. Recurren a este narcótico como sustitución a los medicamentos, y se acaban enganchando. Otras buscan en el opio una vía de escape. Sus maridos son adictos y ellas también empiezan a consumirlo para así evadirse de una situación de pobreza y malos tratos. En Afganistán hay pocos centros de tratamiento para drogadictas, en los que suelen estar 45 días ingresadas.

Correccionales de menores
Las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas en Afganistán. Son un delito de adulterio o zina, que está castigado con penas de cinco a quince años de cárcel. Es igual que el chico y la chica estén solteros y se amen, o que ella haya sido forzada. Las consecuencias son las mismas. En las cárceles y correccionales de menores hay mujeres y chicas que han sido violadas, y también muchas que han huido de casa por malos tratos o un matrimonio forzado. Escapar no es delito, pero de nuevo el fantasma del adulterio aparece. Si no durmió en casa, ¿dónde lo hizo? ¿Y con quién?Lo primero que la policía hace con estas jóvenes cuando las detiene o ellas acuden a buscar ayuda a una comisaría es someterlas a una prueba de virginidad.

LA MUERTE COMO SOLUCIÓN

Suicidios
Afganistán es el único país del mundo donde el número de mujeres que se suicidan es mayor al de hombres. En 2013 unas 2.500 mujeres se quitaron la vida, según el Ministerio de Salud Pública. La mayoría de mujeres que intentan matarse son jóvenes de 14 a 21 años que sufren malos tratos en el seno de la familia o son forzadas a casarse con un hombre que no desean.
En la provincia de Herat las mujeres suelen suicidarse quemándose a lo bonzo. La familia intenta después ocultarlo porque lo considera una deshonra. Dice que se quemó cocinando. El doctor Ghafar Bawar, responsable de la unidad de quemados del hospital de Herat, asegura que es fácil identificar si una mujer se intentó suicidar por su edad y porque se prenden fuego con combustible. Para cocinar usan gas o leña. “Se rocían la barriga porque no quieren morir, sólo llamar la atención sobre su situación. Creen que se causarán una pequeña lesión pero el fuego prende la ropa y el cabello, y quedan envueltas por las llamas”, relata.

PAPEL MOJADO, ¿AVANCES LEGALES?

Tras la caída del régimen talibán, las afganas recuperaron su derecho a participar en la vida política del que ya habían disfrutado décadas atrás, y se produjeron importantes avances legales en Afganistán a favor de sus derechos. En 2002 se creó un Ministerio de Asuntos de la Mujer, y en 2004 se aprobó una nueva Constitución que dice que el hombre y la mujer son iguales ante la ley, y establece un sistema de cuotas para garantizar la representación femenina en el Parlamento y los consejos provinciales. En las legislativas de 2010, 69 mujeres resultaron elegidas diputadas, el 28% del total de escaños. En 2009 el Gobierno aprobó la Ley contra la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que tipifica como delitos hasta 22 situaciones de violencia contra las mujeres y prevé castigos para los responsables. Sin embargo, los fiscales y tribunales apenas aplican esta ley. Algunos por desconocimiento; otros, porque la obvian. La legislación a menudo es papel mojado.

MUJERES CONTRA CORRIENTE

Los talibanes, que estaban en contra de las fotografías, la televisión y cualquier viso de modernidad, tenían un sitio web en internet durante los años que estuvieron en el poder en Afganistán (1996-2001) en que explicaban su ideario. Justificaban sus restricciones contra las mujeres para proteger su honor y vida, ya que la violación, el secuestro y abuso de mujeres se convirtió en habitual durante el régimen muyahidín de Burhanuddin Rabbani (1992-1996). Por eso les prohibieron trabajar fuera de casa o las obligaron a vestir el burqa. Con la caída del régimen talibán, estas restricciones se levantaron. Aún así Afganistán es un país profundamente conservador, machista y religioso, y las mujeres continúan teniendo muchas limitaciones. Es sintomático que la mayoría de afganas activistas a favor de los derechos de las mujeres son solteras o no dependen de una figura masculina. Las que se saltan las convenciones sociales y van contra corriente suelen pagar las consecuencias.

Futbolistas
El estadio de deportes de Kabul era el lugar donde los talibanes cortaban las manos o ejecutaban a los que no cumplían sus preceptos. Allí mataron a Zarmina, una madre de siete hijos que en noviembre de 1999 se convirtió en la primera mujer ajusticiada en público por los talibanes, acusada de haber matado a su marido.

Jóvenes afganas juegan ahora a fútbol en ese lugar. La mayoría son universitarias o adolescentes que pertenecen a familias de clase social media o alta. Es la imagen más significativa del cambio respecto a la época talibán. A pesar de que el deporte ya no está prohibido, continúa estando mal visto que las mujeres lo practiquen. En Kabul existen dieciséis equipos de fútbol femenino y en 2013 se celebró la primera liga para mujeres.

Boxeadoras
Nunca antes las mujeres en Afganistán habían hecho boxeo. Tras la caída del régimen talibán, algunas empezaron practicarlo y se constituyó una sección femenina en la Federación de Boxeo de Afganistán. El boxeo femenino vivió su época dorada en 2012. La organización Cooperation for Peace and Unity financiaba las camisetas a las boxeadoras, el transporte desde casa hasta el lugar de entreno y les pagaba 100 afganis [un euro y medio] por cada día que boxeaban. Unas treinta chicas llegaron a practicar este deporte. Dos años más tarde, con la retirada de la mayoría de las tropas internacionales de Afganistán y la reducción de la ayuda extranjera, los fondos para las boxeadoras desaparecieron. En junio de 2014 sólo una decena de chicas practicaba boxeo.

IMPUNIDAD. LAS CICATRICES DE LA GUERRA

Afganistán está en guerra desde 1979, cuando la URSS invadió el país. Entonces Afganistán se convirtió en un campo de batalla de la guerra fría. Estados Unidos proporcionó armas y dinero a facciones muyahidines para que lucharan contra el invasor soviético, a pesar de que muchas de esas facciones eran fundamentalistas. Las fuerzas soviéticas se retiraron de Afganistán en 1989, pero las facciones muyahidines iniciaron una lucha entre ellas por el poder total. La destrucción y la violencia fueron tales que, cuando aparecieron los talibanes, la población los recibió como pacificadores. Las facciones muyahidines formaron entonces un frente común: la Alianza del Norte.
En 2001 el presidente George W. Bush responsabilizó de los ataques del 11 de septiembre de ese año en EEUU al terrorista Osama Ben Laden, a quien los talibanes daban asilo, y recurrió a la Alianza del Norte para que hiciera caer el régimen talibán. Después esa coalición exigió formar parte del nuevo gobierno afgano. En la actualidad estos señores de la guerra continúan en el poder. Esto explica la impunidad generalizada que existe en Afganistán.

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