En este mundo, no cuela

“Igual un día entiendo que no hay nada valioso en la belleza, que es sólo un invento de quienes no les conviene que me quiera. Porque dejaría de comprar, de esconderme, de juzgarme, de envidiar. Y entonces me sentiría libre y valiente y dueña de mis pies, de mi culo, de mis tetas, de mis pelos, de mis curvas, de mi coño, de mis piernas. Y usaría mi cuerpo para vivir, no para envolverlo en complejos y cremas. Y sería mucho más feliz. Y eso, en este mundo, no cuela.” [Faktoría Lila]

FOTOGRAFIA JEN-KITSCH

Fotografía de Jen_Kitsch

Página 22

Un libro es algo más que palabras. Es una historia capaz de emocionar y de hacer soñar a la persona que lo tiene entre manos. Es un mundo para imaginar y tal vez para desear. Celia siempre ha vivido rodeada de libros y desde que nació, sus padres se implicaron para que adquiriera el gusto por la lectura. No recuerda cuál fue el primer cuento que le leyeron ni cómo reaccionó, era tan pequeña que apenas abría los ojos. A los cuatro años aprendió a leer y buscó todos los libros de la casa. Le gustaba apilarlos y elegir uno al azar. Pero como a cualquier niña también le gustaba jugar con muñecas, vestirse con la ropa de mamá, colorear y ver dibujos animados. Un día fueron a pasear por el centro de la ciudad. Tomaron chocolate caliente y encontraron una librería muy especial: “Página 22”. No era la típica tienda llena de best-sellers ni de muchos libros iguales. Allí la gente dejaba los ejemplares que no le cabían en la estantería o que, simplemente, ya no utilizaba. A la pequeña le llamó la atención que estuvieran ordenados por colores así que decidió que ese era su sitio preferido y, aunque en ese momento no sabía exactamente el por qué, lo cierto es que iba a menudo. La sección que más le gustaba era la de los libros azules. Los sacaba cuidadosamente de su sitio, los ojeaba y decidía cuál quería. Las primeras veces elegía los que más dibujos tenían pero conforme fue creciendo se iba decantando por aquellos de lomo más ancho. Eran libros económicos y la mayoría estaban casi descatalogados. Nunca dejó de ir, a veces por los libros, a veces por el señor Francisco y su esposa. Esa adorable pareja le enseñó tantas cosas…escuchó increíbles historias no escritas y conoció todos y cada uno de los recovecos de la librería.

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La muerte no era más que una formalidad

Algunas personas se deshacen […] de su centro de gravedad, dejándose llevar hacia el no-lugar. Buscan un des-nacimiento, un despojamiento del máximo número de capas de identidad, no para recomenzar a vivir, para renacer, sino para borrarse con discreción. Ciertas personas que mueren ya habían desaparecido mucho tiempo atrás. La muerte no era más que una formalidad.

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David Le Breton, Desaparecer de sí. Una tentación contemporánea, Siruela, Madrid, 2016.